Le crisi sudamericane sono più violente ma più brevi di quelle europee

“Las crisis sudamericanas son más violentas y más breves que las europeas”

Intervista di Marina Artusa a Romano Prodi su Clarin del 5 gennaio 2014 (in spagnolo)

A pesar de que los vínculos históricos y socioculturales perduran, las políticas de los últimos años han distanciado a Europa de América latina, lamenta el ex primer ministro italiano.

En la calle Gerusalemme, a la vuelta de la Piazza Santo Stefano -el rincón más delicioso de Bolonia donde la historia acumuló en catorce siglos siete iglesias, una arriba de la otra-, sobre el portero eléctrico del palazzo en el número 7 hay un cartelito que delata a los dueños de casa: Franzoni-Prodi. Prodi es Romano Prodi, dos veces primer ministro de Italia, el más prestigioso dirigente de la centroizquierda italiana y un referente vitalicio de la vida política de su país -por más que haya anunciado su retiro en junio de 2013-. Franzoni es Flavia Franzoni, esposa de Romano Prodi desde 1969, madre de sus dos hijos, abuela de sus siete nietos y la mujer que lo acompaña en todo, como cuando por ejemplo, abrió las puertas de su casa, aquí, en Bolonia, a las Madres de Plaza de Mayo que la visitaron en 1997. Sin custodia ni cerco policial, Prodi sale todos los días, a las siete y pico de la mañana, a andar en bici por las colinas boloñesas. Luego, casi siempre, lo espera un avión que lo lleva a cumplir alguno de sus cargos: profesor de la CEIBS (China Europe International Business School) en Shanghai o enviado de las Naciones Unidas en Africa. “Trato de hacer mi vida sin custodia, pero no lo diga en voz alta porque el prefecto me la va a mandar. He logrado que no me escolten cuando viajo al exterior ni que me esperen en la puerta de mi casa, pero siempre ando acompañado. Lo que sí puedo decir es que nunca he cambiado mi vida, ni cuando fui primer ministro”, dice Prodi, quien desempeñó ese cargo entre 1996 y 1998 y entre 2006 y 2008. En abril, durante la asamblea de senadores, diputados y delegados regionales que debían votar por un nuevo presidente de la república -tal como lo señala el sistema parlamentario italiano-, Prodi, que era candidato, fue traicionado por miembros de su partido –el Partido Democrático- que votaron en su contra. “Estaba en Africa, en Mali, en mi función de enviado especial de la ONU –recuerda-. En el Partido Democrático un elevado porcentaje de gente cercana a mí votó en mi contra, por lo cual creo que ésa es una señal que debe ser interpretada con seriedad. Ya hace tres años que no participo en la vida política. Escribí la carta que mandé al Corriere della Sera para especificar formalmente esa decisión de retirarme. El no participar en la vida política no quiere decir no interesarme por el destino del país, de Europa, de la Argentina y del resto del mundo. Enseño en la universidad problemas de la política económica. No se me puede coartar el hecho de pensar”.

¿Pensó alguna vez en la actual crisis europea y sus similitudes y diferencias con la crisis argentina, por ejemplo?

Me acuerdo de la crisis argentina. La nuestra es una crisis menos dura, pero tiene esta especie de lenta consumación. Por lo general las crisis europeas duran poco. Excepto la del ‘29 que sí fue una crisis larga.

¿Europa puede aprender algo de la experiencia argentina?

La crisis sudamericanas son más violentas y más breves que las europeas. La nuestra no es tan violenta y es más lenta, tarda en asentarse. Un país como la Argentina, con un nivel de riqueza y desarrollo inferiores, si se los compara con algunos países de Europa, Italia incluida, y con una gran disparidad a nivel regional, hace que la crisis se acentúe, provoca que los efectos sean más fuertes y violentos. Aquí, en Europa, como la sociedad no es extremadamente sufrida, no se alcanzan los niveles de agudeza que se vieron en Buenos Aires en aquellos días de 2001 y 2002.

La gente aquí se lamenta por la crisis, pero a ojos de alguien que viene de la Argentina lo que se vive en Europa, excepto algunos casos como el de Grecia, no lo parece.

La percepción que seguramente se tiene desde la Argentina es que aquí la situación no es tan grave. En realidad, lo que sucede es que estamos dando un paso atrás. Si hoy Italia tiene un producto bruto interno inferior al que tenía en 2007, algo pasa. Si en los comedores de Cáritas hasta hace cuatro años no había ni un italiano y sólo iban a comer los extranjeros pobres y hoy la mitad de los que necesitan comer en Cáritas son italianos, la crisis está, existe. Pero hay una parte de la sociedad que, o porque acumuló riqueza o porque se han activado los lazos de solidaridad intrafamiliares, hace todo lo posible por no sentir los efectos en la vida cotidiana. Otro indicador de la crisis al que estamos asistiendo es el éxodo de egresados de las universidades. Cuando nuestros laureados, nuestros doctores en distintas disciplinas emigran, quiere decir que no hay más confianza. Uno que ha invertido veinte años en estudiar y se lleva su capacidad a otro país lo hace porque no tiene confianza en el futuro.

Otra característica de la Europa actual, también presente en Italia, es el limitado interés por América latina. ¿Es también producto de la crisis?

Escuche, Italia está en un momento trágico. No es que no tenga política exterior hacia la Argentina o hacia los países de América latina. Directamente no tiene política exterior. América latina ha sido abandonada. Hoy no hay una idea de la importancia de la relación con el exterior. Por otra parte es la consecuencia directa de lo que he dicho antes. Es un país que tiene miedo y la política exterior, como toda relación con los demás, supone basarse sobre vínculos de confianza. En la última parte de mi último gobierno intentamos llevar adelante una gran estructura de italofonía, creando lazos con los países donde había grandes comunidades de ítaloparlantes. Hoy se piensa sólo en las elecciones del día siguiente. Hay poquísimo debate político sobre la relación con otros países. Es un tema que ha dejado de ser un objetivo político. Además, sobre la relación con Argentina y con los países de América latina, un modo de encontrar un lugar en el mundo es aliarse con quien uno tiene afinidad, con los familiares, con los amigos. El que en política no entiende esto se equivoca. La afinidad con países como Argentina nos daba un lugar en el mundo. Hoy ya no es así.

Usted estuvo en Argentina en 1998. Les prometió a las Madres de Plaza de Mayo que Italia se presentaría como parte civil en los procesos seguidos contra los represores argentinos por los italianos desaparecidos durante la dictadura y las recibió junto a su esposa, en su casa de Bolonia. ¿Dónde está el límite entre lo público y lo privado?

Mi mujer es una persona que ha sido siempre muy reservada. En aquel tiempo, las Madres de Plaza de Mayo me pidieron hablar conmigo y como yo conocía todo el dolor que llevaban adentro las recibí en mi casa.

También estuvo en la Plaza San Pedro del Vaticano en marzo del año pasado, justo el día en el que Bergoglio fue elegido Papa. ¿Qué hacía ahí?

Tenía una reunión en Roma y luego me hacían una entrevista para un canal de televisión que tiene los estudios cerca de la Vía de la Conciliación. Fui a ver qué pasaba y me encontré con la buena noticia. El Papa Francisco es un gran cambio. Creo que es un buen ejemplo sobre cómo, imprevistamente, se pueden reanimar las cosas. Hay una esperanza en la Iglesia. En pocos meses hay una percepción enorme de novedad positiva en la Iglesia.

¿Cree que lo dejarán llegar hasta donde él se propone?

Nos ha hecho pensar como casi ninguno. Cuando uno lo ve llevarse su propia valija, sin que nadie se la cargue, es físicamente fuerte. Los que tienen responsabilidad colectiva no deben confundir la conciencia con el discurso. Lo que está haciendo en la estructura administrativa del Vaticano es increíble. Es un ejemplo para toda Italia.

Volviendo a Italia, usted habló de fuga de cerebros. Usted mismo lo es: enseña en el exterior.

¿Sabe lo que pasa? Cuando uno ha sido presidente del Consejo de ministros dos veces, cualquier trabajo que uno realice en Italia, sea una tarea académica o de consultoría, será interpretado como favoritismo o nepotismo. Si me llaman del exterior, nadie me puede decir nada. Significa también que contribuyo a la balanza comercial. Tengo la misión, como profesor, de explicar por qué Europa no está acabada. Es un desafío. Tanto Estados Unidos como China tienen la curiosidad de saber qué sucede en Europa. Tengo que explicar que la crisis temporaria del euro, la crisis de solidaridad en la que nos encontramos, en el fondo, es natural cuando se toman decisiones de gran importancia como ha tomado Europa, decisiones que no se han tomado jamás antes en la historia.

¿Y qué rol juega la crisis?

Naturalmente que la crisis es fuerte, pero yo sostengo que es una crisis de crecimiento, natural cuando se toman decisiones en modo democrático. Europa es aún el número uno de la economía mundial, de la producción industrial del mundo y en exportaciones. El problema es transitar este largo período de adaptación. Hay un proverbio árabe que dice: “Es más fuerte un ejército de ovejas guiadas por un león que un ejército de leones guiados por una oveja”. El problema de Europa hoy no es que está guiada por una oveja sino que no está guiada por nadie. Europa logró el agrandamiento de una zona con 22 lenguas diversas en un momento en el que se había creado un vacío con la caída de la Unión Soviética, logró la moneda común, la paz después de siglos y siglos de guerra, la integración con economías más pobres de los países periféricos. Hay problemas como lo es no lograr construir junto a la moneda única las reglas fiscales comunes para sostenerla o no contar con una política económica común, además de no tener una política exterior común. Un estudiante chino me preguntó: “¿Pero entonces Europa es un laboratorio o un museo?” Para mí es el más grande laboratorio de la historia contemporánea que también podría ser considerado un museo.

La gente, por la calle, todavía habla de usted como “el presidente Prodi”. ¿Cómo le gusta más que lo llamen: profesor o presidente?

Profesor. Y mejor todavía si me dicen “prof”.

¿Por qué?

Porque es lo que he sido toda mi vida. Y es lo que soy ahora. Ahora no soy presidente, soy profesor. Enseño en la Business School en Shanghai, doy conferencias. Profesor es el título más apropiado.

¿Y de cuál de los dos títulos se siente más orgulloso?

De haber sido y de ser profesor.

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Dati dell'intervento

Data
Categoria
gennaio 5, 2014
Interviste