Defensa, inversión y emigrantes: tres etapas indispensables para la unidad de Europa

«La nueva Europa necesita que España e Italia se sumen al eje franco-alemán»
El exprimer ministro italiano, Romano Prodi, es uno de los políticos europeos más veteranos. Con motivo de la aparición de su nuevo libro, «El plano inclinado», habla con ABC sobre el futuro de la Unión Europea

Angel Gómez Fuentes entrevista Romano Prodi en ABC de 30 maj 2017

«Donald Trump ha querido acentuar los problemas en la cumbre del G7 de Taormina, para mandar el mensaje de que él ha comenzado una política nueva». Romano Prodi (Scandiano, Reggio Emilia 1939) confiesa en una larga entrevista a ABC su frustración por la actitud de Trump y cree que ha llegado la hora de que España, Italia, Francia y Alemania trabajen juntos por construir una nueva Europa. Profesor de Economía y Política industrial en la Universidad de Bolonia, profesor desde el 2010 en Shangai, exprimer ministro de Italia y expresidente de la Comisión Europea, fundador y líder de la coalición del Olivo, de centro izquierda, es uno de los políticos europeos más experimentados y mejor informados. Por su prestigio internacional estuvo a punto de ser elegido presidente de la República italiana en el 2015, pero lo impidió en el último momento una «maniobra de palacio», típica en la política de este país. Con dos hijos y seis nietos, a sus 78 años, Romano Prodi está en espléndida forma y con la agenda siempre llena: Nos dice que hace 10 kilómetros de jogging tres o cuatro veces por semana, además de ser gran apasionado a la bicicleta. La semana pasada se puso a la venta su último libro: «El plano inclinado», en el que analiza los problemas de nuestra sociedad y diseña una serie de medidas concretas.

Profesor Prodi, usted tiene una gran experiencia como participante en las cumbres de los países más industrializados del mundo (G7). Asistió a 10 encuentros: 5 como primer ministro y otras 5 como presidente de la Comisión Europea. La de Taormina seguramente será recordada, porque puede marcar un antes y un después. ¿Qué balance hace del G7 de Taormina?

Hay que partir del hecho de que las cumbres del G7 desde hace tiempo no adoptan decisiones. Pero ayudan a orientar una voluntad común de los líderes, ayudan a conocerse y son útiles para armonizar. La de este año ha tenido una novedad, una diversidad fundamental: El presidente americano, Donald Trump, que de forma clara ha preferido las relaciones bilaterales, para mostrar que es más fuerte, y no las colectivas. Es decir, Estados Unidos no ha querido formar parte del grupo, porque Trump ha gestionado toda la cumbre con la lógica de «American First», lo que es coherente con su política, pero no ha ayudado al desarrollo y armonía del G7.

Muchos analistas dicen que este es el momento más delicado en las relaciones de Europa y Estados Unidos. ¿Se esperaba un presidente americano tan frío y distante?

No, porque en este tipo de reuniones se exploran los líderes y no se resaltan los contrastes. Habitualmente se suavizan los enfrentamientos. Pero Trump ha querido aumentarlos, para mandar el mensaje de que él ha comenzado una política nueva. Ha sido un G7 inusual, porque ha revelado más las tensiones que no el deseo de diálogo.

Ha roto incluso con el ritual del G7: Se marchó sin ofrecer una conferencia de prensa y su discurso final lo hizo a los soldados americanos en la base militar de Sigonella (Sicilia) que forma parte de la OTAN. ¿Cómo analiza estos hechos?

Son hechos simbólicos que indican un gran cambio político. El ir a hablar a las tropas americanas a Sigonella, para hablarles como el capitán del equipo ganador, tiene una carga simbólica extraordinaria.

La canciller Angela Merkel reaccionó el domingo con dureza. Dijo que Trump no es de fiar.

Ha dicho más, al señalar que nunca han estado tan lejos Estados Unidos y Europa.

¿Qué consecuencias políticas tiene este claro distanciamiento de Estados Unidos y Europa?

La verdadera consecuencia política es la posición de Angela Merkel que dice: «Señores, las relaciones con Estados Unidos han llegado a un punto que nosotros debemos construir Europa». Y esto es importantísimo. Entre Alemania, Francia, Italia y España se debe comenzar un nuevo diálogo, porque estamos en primera línea y solamente unidos podemos ejercitar el equilibrio entre Estados Unidos y China que el mundo pide.

Donald Trump le echó en cara a Merkel el superávit comercial (Alemania es «muy mala»). Pero este es un debate que está en Europa y usted lo ha subrayado a menudo (el 2016 acabó con un superávit de 253.000 millones de euros a favor de Alemania).

Yo he sido el primero en señalarlo y machaco sobre ello desde hace cuatro años. Y creo que la política alemana es equivocada. Pero jamás me he permitido insultar a Alemania. He hecho siempre la reflexión de que el superávit deriva también de la virtud propia de Alemania, al tiempo que he señalado que no puede ser de interés Alemania ni para Europa que este superávit se mantenga. Este es un discurso completamente diverso del que ha hecho Trump.

Paradójicamente, quizás Trump ha hecho un favor a Europa, dándole una sacudida con su actitud, porque ahora puede tomar conciencia de que ha llegado la hora de despertar. ¿Por dónde se puede comenzar?

Ciertamente. Se ha abierto la puerta a la cooperación reforzada. Comencemos con las cosas concretas. Frente a las emergencias de hoy, tener una defensa común de España, Italia, Francia y Alemania es una cosa importante. En la primera fase no es necesario siquiera hacer más gasto, porque es necesario al principio coordinar lo que hay y después se podrá gastar más.

Para la nueva reconstrucción de Europa, medios alemanes apuntan que Merkel desea intervenir en tres campos: Defensa, inversión y emigrantes.

Estoy muy acuerdo. Después serán las situaciones prácticas a indicar las preferencias, pero estas son tres etapas indispensables y útiles para la unidad de Europa.

Para el relanzamiento de Europa se habla de el eje franco-alemán, es decir Merkel-Macron. ¿Se pueden inserir también España e Italia?

Diría que no solo es posible, es obligado. Siempre he hablado de un motor franco-alemán. Ciertamente, Francia puede intervenir para equilibrar la política alemana y reducir este superávit comercial alemán. Pero ese eje tiene también necesidad de España e Italia, para que resulte una Europa en la que haya una mediación sobre los intereses de diversos países.

Una Europa con Alemania al comando, que pretende la presidencia del Banco Central Europea después de Mario Draghi, levanta suspicacias. ¿Cómo se puede lograr un equilibrio?

Hoy Europa no está equilibrada. Hay una excesiva prevalencia alemana. También en Bruselas, de funcionarios, de dirigentes… Cuando hablamos de un eje franco-alemán es para llevar más equilibrio a esta nueva Europa. Es evidente la gran capacidad política y económica de Alemania, pero hay que reconocer que no puede haber una Europa con un solo motor.

La inmigración es un grave problema europeo, en el que Italia no ve la suficiente solidaridad. ¿Cómo se puede resolver?

Mientras exista la crisis de Libia, el problema de la inmigración no encontrará una solución. En este caso parece que Europa ha renunciado a una política común. Después está el problema de los inmigrantes en el Mediterráneo que hay que salvarlos. Pero los salvan las naves de los países europeas y luego los descargan todos en Italia. Esto no es justo, porque está creando tensiones políticas y sociales extremadamente fuertes en nuestro país.

Se acaba de publicar su último libro, con un significativo titular: «El plano inclinado», donde muestra que en nuestra sociedad crecen las desigualdades y las injusticias y aporta algunas soluciones. ¿Se inclina cada día más ese plano?

Así es. Se inclina en países comunistas como la China, en países capitalistas como Estados Unidos, Alemania, Italia, España o Gran Bretaña…. Yo me pregunto si no se ha convertido en indispensable (Prodi nos lo acentúa así: in-dis-pen-sa-ble) hacer correcciones para colocar más horizontal este plano inclinado, con intervenciones en el mercado del trabajo, sobre la casa, la herencia, el fisco…

Usted explica cómo la conquista del estado del bienestar (el welfare), que se veía como una palanca para el crecimiento, hoy aparece como un peso porque frena la competitividad. ¿Cuál es la consecuencia de este cambio?

Este es un elemento fundamental que alimenta el miedo Y yo escribo: Atención que cada vez nos estamos resignando más a dar un paso atrás: hoy es el pago de un ticket sanitario, mañana una reducción de clase en la escuela… Este es un error fundamental. En el nuevo mundo podemos ir adelante para conquistar posiciones solo si hay una valorización de las personas. Y por esto digo que hay que repensar todas las políticas sociales, del trabajo.. Naturalmente, está claro que nosotros debemos también pretender de los países que no tienen welfare un comportamiento diverso, porque evidentemente no es posible aceptar una concurrencia que se basa sobre elementos si no de esclavitud sí de humillación en el mundo del trabajo.

Con este plano que se inclina cada día más, ¿qué futuro le espera a nuestros hijos?

Para nuestros hijos la única cosa que podemos hacer es prepararlos mejor para el futuro: escuela, escuela, escuela… sobre todo escuelas técnicas. Europa a diferencia de Estados Unidos y la China está perdiendo con las nuevas evoluciones científicas y tecnológicas. Todas las nueves redes, que son las nuevas carabelas del mundo son americanas y chinas: Google, Apple, Alibaba , Ebay… Todo esto americano y chino.

Del miedo que suscita el futuro y la incertidumbre se aprovechan los populismos. Tras su derrota en Francia, ¿se ganará esta batalla?

Depende todo de nosotros. Los partidos populistas antieuropeos se desarrollan por una parálisis de las políticas europeas. Si nosotros tomamos decisiones, el problema no se pondrá en el futuro. El populismo no tiene raíces ideológicas, tiene raíces simplemente antisistema, porque ese sistema está paralizado.

Italia podría tener elecciones anticipadas ya en septiembre o en octubre. Si el Movimiento 5 Estrellas del cómico Beppe Grillo es primero en las elecciones italianas, ¿es un peligro para Italia?

Ciertamente, porque no tienen la mínima idea de un programa orgánico y creíble. Se comprende que sea así, porque las ganancias de estos partidos las consiguen repitiendo siempre que las cosas van mal. El Movimiento 5 Estrellas tiene todo el interés electoral en no adoptar decisiones concretas. Esto hace que se pueda abrir en el país una grandísima incertidumbre.

Con un adelanto electoral y comicios con una ley proporcional como la que se está preparando, se considera que el riesgo de inestabilidad política es grande.

Soy fuertemente contrario al sistema proporcional. Considero que la estabilidad del país se consigue solo con un sistema mayoritario. Tenemos necesidad de estabilidad

¿Por qué los partidos de izquierda están en crisis en Europa?

No es que la derecha esté mucho mejor. La izquierda está peor porque su electorado tradicional es más sensible a la crisis económica y al miedo, y es el que más se ha sentido atraído por los nuevos partidos.

Se dice que España crece porque ha hecho reformas. ¿Por qué el crecimiento de Italia está en la cola de Europa, junto a Grecia?

Italia hay un problema especial diverso de España: Es la burocracia. En España se adoptan decisiones, mientras Italia está paralizada. Esta es la gran diferencia.

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Dati dell'intervento

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Categoria
maggio 30, 2017
Articoli, Estero